Los hilvanes del sastre Sistemas de techos altos en la arquitectura de Amancio Williams

Luis Müller

Resumen

En la arquitectura de Amancio Williams los techos altos tuvieron presencia constante. En unos casos fueron pensados como un sistema prefabricado reproducible para agilizar los procesos de obra y, en otros, como un recurso arquitectónico para mejorar las condiciones ambientales, mediante un segundo techo elevado que actuara como parasol en zonas de intensa radiación solar. Bajo este concepto logró diseñar un elemento de gran valor estético y alcance universal, aplicable a distintas situaciones.

Palabras clave: Argentina, arquitectura moderna, sistemas constructivos, techos altos, proyecto.

The Basting of the Tailor High Roof Systems in Amancio Williams’ Architecture

Luis Müller

Abstract

In Amancio Williams´ architecture, high roofs had a constant presence. In some cases, they were thought as a reproductible and prefabricated system to press forward the building process, and in others, as an architectural resource to improve environmental conditions, introducing a second elevated roof that worked as a sunshade in areas of intense solar radiation. Under this concept, he was able to design an element of great aesthetic value and universal range, applicable to different situations.

Keywords: Argentina, modern architecture, constructive systems, high rooftops, design

Amancio Williams como aviador, mediados de la década de 1930. Archivo Williams

En la vida de algunos arquitectos los recorridos del pensamiento y el modo de afrontar los proyectos presentan trayectos de larga duración. Como los hilvanes del sastre cuando va dando forma a su trabajo, hay ideas que se desarrollan en el tiempo de un modo recurrente: aparecen, por un tramo se ocultan, y emergen nuevamente para volver a repetir el ciclo.

La trayectoria de Amancio Williams es un claro exponente de esto. Hay cuestiones, intereses y preocupaciones que lo motivaron a volver sobre sus proyectos, a insistir, experimentar, probar una y otra vez en la búsqueda de la forma última, de la inalcanzable perfección. En la incesante actividad exploratoria de este arquitecto argentino, en la que las formas modernas integraban con naturalidad “las leyes eternas de la belleza”, hubo un elemento que ocupó el foco de atención reiteradamente: el sistema de techos altos, elevados por encima del edificio básico con el propósito de dar protección climática y, también, por qué no, realizar un aporte de alta calidad estética.

Amancio Williams

Hijo del reconocido músico Alberto Williams, Amancio nació en 1913 en Buenos Aires. Interesado desde joven en cuestiones vinculadas con la técnica, comenzó estudios de ingeniería en 1931, carrera que luego de cursar tres años abandonó para dedicarse a la aviación en una compañía aérea de servicios postales. “Una actividad nueva, nueva en el mundo”, 284N1 como la definiría mucho después en un reportaje, que sin duda le aportó una experiencia que amplió su horizonte en muchos sentidos: en el mundo de la técnica y su relación con la materia, la forma y la eficiencia y, sin duda, en la percepción del espacio desde un punto de vista por entonces poco frecuente para el común de las personas, y que al futuro arquitecto le permitió comprender la escala urbana y la dimensión del territorio.

Tiempo después decidió abandonar la aviación como oficio para estudiar arquitectura en la Universidad de Buenos Aires, donde recibió una formación aún orientada por las tradiciones academicistas. Se graduó en 1941.

Aunque la enseñanza se mantenía acorde a las prácticas mencionadas, la arquitectura moderna ya se había instalado con firmeza en Argentina a partir de los trabajos de Alberto Prebisch, Antonio U. Vilar, Wladimiro Acosta y otros, quienes tanto en Buenos Aires como en las ciudades importantes de provincia, durante la década de 1930 habían consolidado un escenario receptivo a las nuevas tendencias, ya fuera en el ámbito privado o en el estatal. Como en otros países de América, el Estado se había convertido en un importante motor para el desarrollo de una arquitectura que representaba un imaginario de racionalidad y progreso, de modo que la utilizaba con frecuencia en la obra pública y para profesionalizar las oficinas técnicas.

Williams se acopló a esta tendencia sin el menor atisbo de jugar un rol ambivalente; por el contrario, tomó el lugar de portavoz del pensamiento moderno con actitud militante, irrenunciablemente contemporáneo de su tiempo y sintonizado con las corrientes arquitectónicas y estéticas de avanzada en el mundo.

Tempranamente dio indicios de aquello que sería una constante en su carrera: la vocación por la experimentación en el proyecto, tomaba cada tema como un nuevo problema por resolver, dándole sentido de invención; incluso en muchos casos volvía sobre el mismo una y otra vez para perfeccionarlo. Otra condición asumida fue que ante la falta de encargos no aguardaba su llegada para poner en marcha una idea sino que, por el contrario, trabajaba por su cuenta a partir del estudio de problemas que funcionaban como disparadores de soluciones arquitectónicas, las que luego intentaba promover. Así, invirtiendo las reglas de juego habituales en el medio, produjo una serie de proyectos que si bien no fueron construidos, por su alto grado de conceptualización resultaron un aporte sustancial a la arquitectura, tanto para Argentina como para la disciplina en general. Esto fue reconocido por las publicaciones internacionales que difundieron sus trabajos, y se expresó en los importantes vínculos que llegó a establecer con los mayores arquitectos de su tiempo.

Una obra de pequeña escala, pero de inmensa trascendencia, lo ubicó en el selecto canon de la arquitectura moderna internacional: la Casa sobre el arroyo (1942), construida en Mar del Plata para su padre. En un ejercicio de absoluta síntesis, el gesto del arco que salta sobre un curso de agua es a la vez puente y casa, estructura y envolvente. En el mismo año dio a conocer otro proyecto con un planteo original: Viviendas en el espacio, un conjunto de viviendas cuyo factor más importante era la sección del corte, ya que todo se organizó en función de un escalonamiento que produce una sucesión de terrazas ascendentes. Esto convierte el techo con cobertura vegetal de una unidad, en el espacio abierto y patio de la siguiente vivienda.

En 1943 causó otro impacto con el proyecto de Sala para el espectáculo y el sonido en el espacio, un concepto definido a partir de los estudios sobre acústica. En 1958 fue premiado con medalla de oro en la Exposición Internacional de Bruselas por su innovadora disposición centralizada que aseguraba, mediante el estudiado corte de la sala, un equilibro auditivo en la totalidad del auditorio.

Amancio Williams, Casa sobre el arroyo en Mar del Plata, 1942. Vista interior. Archivo Williams

Williams admiraba a Le Corbusier y lamentaba que la cultura arquitectónica en argentina hubiera desaprovechado la visita realizada por el maestro europeo en 1929, así como que en la escuela de arquitectura no se hubiera presentado su obra a los estudiantes durante la carrera. En 1946 le escribió y envió algunos trabajos como muestra de sus intereses. La respuesta de Le Corbusier fue alentadora, le invitaba a participar en el ciam en representación de Argentina y a publicar sus trabajos en la revista L´homme et l´architecture (que dirigía André Wogenscki, su jefe de atelier) con una introducción que firmaría él mismo.

En el año siguiente, Williams, luego de asistir al ciam de Bridgwater (en el que fue designado delegado por Argentina junto con Ferrari Hardoy hasta 1951), visitó personalmente a Le Corbusier en su estudio de París. Inició así una relación que condujo a que el suizo hiciera llegar al Dr. Curutchet la recomendación para que Williams se encargase de llevar adelante la obra de la casa que Le Corbusier le había proyectado para construir en la ciudad de La Plata.

En ese arduo proceso, Williams no operó simplemente como un director de obra, sino que resultó un interlocutor propositivo con el que Le Corbusier pudo ajustar y pulir aspectos del proyecto. Entre 1949 y 1951 desarrolló todo el legajo y dirigió la etapa de la estructura, instancia en que se apartó de la obra por desacuerdos con el propietario. 284N2

Las estructuras, otro de los temas de especial interés para Williams y sobre el que tenía un conocimiento adquirido en sus estudios de ingeniería, propiciaron que imaginara un edificio para oficinas con un esquema fuera de lo común. Dispuso contenedores de oficinas resueltos como cajas con estructura metálica, suspendidos de grandes pórticos de concreto, despejando así las fachadas y liberando de columnas el interior de los espacios.

En paralelo con la atención a la casa de La Plata, Williams había comenzado a desarrollar los proyectos para tres hospitales encargados por el gobierno nacional, para los que desarrolló una propuesta de techos altos que marcaría en gran medida el futuro de su arquitectura, cuestión sobre la que volveremos más adelante.

Eran tiempos en que su reconocimiento internacional se extendía y su estudio empezaba a tener una dinámica que lo convertiría en una referencia. Los mejores estudiantes y arquitectos jóvenes intentaban trabajar con él una temporada como complemento de su formación, ya que podían tener relación directa con el pensamiento moderno a través de Williams o de sus contactos con colegas nacionales e internacionales, con quienes se escribía con frecuencia para intercambiar ideas, comentarios y publicaciones, y quienes en ocasiones visitaban el lugar de trabajo. Así, el taller se convertía en un ámbito de investigación creativa con el aporte del entusiasmo y la energía propios de una generación con expectativas de cambios. Williams informalmente tomó un rol docente que nunca ejerció en las aulas académicas, así como tampoco ejerció cargos en la función pública.

Un acontecimiento que marcó la particularidad del momento es la exposición Arquitectura y Urbanismo de nuestro tiempo, que organizó en una galería de Buenos Aires y para la cual tuvo la colaboración de diversos estudios y arquitectos de su entramado de relaciones, quienes le enviaron documentación de proyectos, planos y fotografías. Entre ellos: Le Corbusier, Pierre Jeanneret, Clive Entwistle, Belgioioso-Peresutti-Rogers, Paul Nelson, Beaudouin-Lods y Tomás Maldonado, quien participó en el diseño del catálogo.

Por entonces, también, comenzaba a cobrar forma un elemento que acabaría identificándose plenamente con su persona como una marca o un sello: la “bóveda cáscara”, que en adelante se utilizaría en diversos proyectos para constituir el “techo alto”.

 

Amancio Williams, “Viviendas en el espacio”, 1942. Perspectiva.

Amancio Williams, sala para el espectáculo y el sonido en el espacio, 1943. Corte. Archivo Williams

Amancio Williams, viviendas en el espacio, 1942. Corte. Archivo Williams

Los “techos altos”

Es difícil precisar cuándo surge por primera vez en Amancio Williams el interés por desarrollar sistemas de techos independientes de gran altura. Él mismo se encargó de darle una ubicación imprecisa en el tiempo: hacia 1939, lo que implicaría que sus indagaciones en ese sentido habrían empezado durante sus estudios de arquitectura.

Revisando la lista de proyectos desarrollados a lo largo de su actividad (que continuó hasta su fallecimiento en 1989) es posible reconocer dos grandes grupos que pueden sintetizarse en el tipo “plano” 284N3 y en el tipo “bóveda cáscara”. 284N4

El primero de ellos podría ser aquél que se inició como interés incipiente hacia 1939. Si bien no están fechados, entre los papeles de su archivo se encuentran bocetos que indican una búsqueda temprana de un sistema prefabricado de grandes paneles de estructura alveolar que serían elevados a su posición final mediante grúas.

Si bien no se trata más que de una idea que en ese momento no fue desarrollada, reaparece en 1961 ante el encargo de la empresa Iggam para una fábrica de productos derivados de la piedra (granulados, marmolinas y mezclas) la cual sería localizada en una zona de serranías cercana a Alta Gracia, en la provincia de Córdoba.

La empresa había encargado el pedido como un anteproyecto; más bien solicitaba un flow sheet 284N5 o diagrama de funcionamiento con el que se pudiera resolver a grandes rasgos un primer planteo de ubicación de máquinas, circulaciones, flujos de materia prima y productos. Con ello, Williams volvía a encontrarse con un tema cercano a sus intereses vinculados con la técnica y las estructuras, así como con la posibilidad de desplegar sus conocimientos de ingeniería.

Fiel a su naturaleza, Williams tomó el pedido como una ocasión para ensayar un problema de arquitectura y desarrolló un estudio minucioso de las funciones, abocándose también al planteo de un edificio singular. Arribó a una propuesta en la cual la arquitectura se despoja de la piel y se reduce a sus mínimas expresiones: una gran cubierta protectora sostenida por columnas huecas, debajo de la cual se despliega la planta de producción en tres niveles, en tanto que las fachadas desaparecen, apenas son insinuadas por un par de bandejas horizontales que recorren el perímetro a modo de parasoles.

La sutil envolvente sugerida por estas láminas sostenidas por tensores que cuelgan de la cubierta, definen un límite virtual que expone el interior de la nave fabril en una directa visión del entramado de maquinarias, tolvas, trituradoras, cintas transportadoras, sinfines, montacargas, conductos e instalaciones diversas, tal como lo haría un reloj antiguo que, con el cuadrante transparente, nos permitiera ver la máquina y el movimiento de sus engranajes. Un espacio dominado por la pura técnica, exhibido como relato de su propia razón de ser y una arquitectura reducida a la esencia.

La explicación del arquitecto consiste en que, de ese modo, el polvo originado en la molienda y procesamiento de la piedra sería barrido por las corrientes de aire que circularían libremente, con lo cual se evitarían problemas de salubridad y seguridad. Una razón funcional para una decisión extrema, planteada desde una mirada “estético / anatómica” 284N6 hacia la construcción, que al quitar la piel deja a la vista “el esqueleto y las entrañas”.

La gran cubierta retoma el sistema pensado décadas atrás como uno para ser construido como módulos prefabricados y elevados hasta su ubicación, operación que en este caso sería realizada mediante gatos hidráulicos –solución conceptualmente semejante a la que utilizaría Mies Van der Rohe para la Neue Nationalgalerie de Berlín (1968).

La estructura alveolar de las secciones que constituyen la placa horizontal estaría conformada por casetones de finas láminas de concreto, configuradas como una red de figuras geométricas tridimensionales (pirámides y tetraedros) huecas y abiertas en la cara inferior.

En esta oportunidad, la capacidad interpretativa de Williams lo llevó a comprender que la lógica interna del proyecto estaba contenida en el layout de funcionamiento, de modo que la hacía visible transparentando el edificio para que la síntesis formal fuera lo que visibilizara al programa y lo explicara sin intermediaciones.

Un concepto similar fue aplicado un par de años más tarde, cuando el Consejo Episcopal Latinoamericano le encargó una iglesia ecuménica en homenaje a la reconstrucción de la República Federal de Alemania y su recuperación, monumento para ser construido en Berlín que, al igual que

la fábrica, finalmente no se concretó.

Sobre un basamento elevado se alzarían columnas huecas que sostendrían una gran cubierta –semejante a la proyectada para Iggam–, la cual protegería a una iglesia, una biblioteca y salas de lectura que parecerían flotar en el espacio. Nuevamente se nos aparece una arquitectura ausente por su materialidad, construida más por el vacío que por la materia y contenida apenas por un techo que la sobrevolaría.

Una vez más el sistema de techo plano fue aplicado en 1981, en el proyecto presentado a un concurso organizado por la Fundación Teatro Colón, para un anfiteatro en Parque Centenario (Buenos Aires), con capacidad para 6000 personas y variadas disposiciones. En la ocasión Williams realizó la presentación asociado con dos estudios: el de Manteola, Sánchez Gómez, Santos, Solsona y Viñoly; y el de Antonio Díaz y asociados. Una boca de escenario de 50 x 10 m (posible de reducir a 22 x 10 m en caso de necesidad) es cubierta por un techo plano a gran altura, resuelto con estéreo estructuras metálicas que generan una imagen potente.

El otro tipo de “techos altos” está constituido por un elemento al que Amancio Williams, a falta de una denominación más precisa, llamó “bóveda cáscara”. Se trata efectivamente de una cáscara, pero no de una bóveda, ya que su comportamiento estructural y su forma no corresponden a tal tipo de estructura.

Su origen se sitúa en la búsqueda de un sistema de doble techo para el proyecto de tres hospitales que debían ubicarse en distintas localidades del ámbito rural de la provincia de Corrientes, un encargo del Ministerio de Salud Pública de la Nación en 1948, bajo la presidencia de Juan D. Perón. Los proyectos, que se integraban en un amplio plan de reforma sanitaria que cubría prácticamente todo el país según las directivas dadas por el Ministro de Salud, el Dr. Ramón Carrillo, debían ser resueltos en planteos horizontales, es decir, en una sola planta para sus funciones principales.

Amancio Williams, casa en Punta del Este, Uruguay, 1961. Archivo Williams

Amancio Williams, perspectiva de los hospitales, ca. 1951. Archivo Williams

Amancio Williams, supermercado textil en Bernal, 1960. Archivo Williams

Williams visitó las zonas designadas para elegir los terrenos apropiados y se valió de su Rolleiflex 6 x 6 y de sus conocimientos de fotografía para documentar los parajes, tanto en los entornos naturales como en las poblaciones. En éstas reparó con gran interés en los aleros y galerías de las construcciones populares, que tradicionalmente se utilizan en la región como protección de los agentes climáticos y para mejorar las condiciones de confort en las habitaciones.

La provincia de Corrientes, que está ubicada al noreste de la República argentina en la región de la Mesopotamia, posee un clima subtropical, caluroso, con intensas y frecuentes lluvias y la fuerte presencia del sol como factor determinante. En tal contexto, las galerías hacia los patios internos, pero sobre todo hacia la calle, que cubren las veredas y generan una situación de continuidad al empalmarse unas con otras, han sido un eficaz y sencillo recurso utilizado en la región durante siglos para mitigar las condiciones ambientales. La observación de tal característica de la arquitectura local motivó al arquitecto a buscar un recurso que pudiera utilizar en sus proyectos con fines similares, lo que sería abordado desde el concepto y no desde la mímesis.

Williams y su equipo de colaboradores se entregaron a la búsqueda de soluciones para el proyecto, tanto del planteo funcional como para el sobretecho, opción que fue considerada desde un principio. Numerosos bocetos indican que la decisión de organizar un edificio bajo y extendido debajo de un techo elevado estuvo presente en el inicio mismo de los anteproyectos.

En la primera etapa del trabajo participó un colaborador de relevancia, el catalán Antoni Bonet, por entonces residente en Argentina. Bonet, quien había trabajado con Le Corbusier en París, compartía con Williams la admiración por el maestro suizo y es probable que haya llevado a la mesa de trabajo su experiencia en el proyecto de Le Corbusier para el pabellón de Francia en la Exposición del Agua de Lieja (1939). Éste consistía en una gran cubierta elevada de estructura metálica, debajo de la cual acontecían diversas situaciones de pequeños edificios, protegidos por dicha cobertura. Es posible entonces que aquélla haya sido una oportunidad para que ambos tuvieran conocimiento de una resolución semejante. Lo que es seguro es que el catalán debía tener muy presente ese proyecto (finalmente no realizado), ya que él mismo había dibujado algunas de las perspectivas. 284N7

Es así como aparecen unos primeros croquis que muestran el planteo que se adoptaría finalmente en las plantas, moduladas en una retícula cuadrada de entre 11 y 13 m de lado y en una cubierta elevada que, inicialmente, se configuraba con unas estructuras de planta cuasi piramidal apoyadas en una columna central. Estas formas, a primera vista elementales y que resultaban del acople de una sucesión de cubiertas tomadas de un prototipo de Bonet –quien lo había desarrollado para un sistema de casas prefabricadas llamado bgb–, resultaban una solución compleja en cuanto a la evacuación de las aguas de lluvia.

Williams, por su parte, convencido de la necesidad de persistir en la búsqueda de una estructura adecuada para resolver la anhelada situación de “medio clima”, 284N8 optó por indagar en otros formatos. Su insistencia en experimentar, mediante la revisión recurrente de las ideas le posibilitó realizar una propuesta inversa en la cual la evacuación de las aguas pluviales se realizaba por el centro hueco de las columnas.

En un tiempo en el que los métodos de cálculo científico aún no estaban disponibles para las cáscaras de doble curvatura y resistencia por forma, así como Eduardo Torroja, Félix Candela y otros se empeñaban en estos desarrollos, Williams acometió la tarea, secundado por el ingeniero italiano Giulio Pizzetti –por entonces profesor en la Universidad de Buenos Aires–, mediante el método experimental de observación del comportamiento de modelos bajo carga.

Después de un largo proceso de refinamiento llegó a la definición de un elemento estructural complejo y de una gran belleza. Lo utilizó para configurar una cubierta continua como cobertura de los hospitales en una trama de perímetro rectangular pero que podría expandirse en cualquier sentido, y a la que se le podían quitar módulos o partes de los mismos para dejar pasar el sol hacia los patios interiores.

La alteración de las relaciones políticas impidió la construcción de los hospitales, que recién fueron publicados en la revista NV Nueva Visión junto a una nota que presentaba las cáscaras bajo el título “Una nueva unidad estructural”. 284N9

La versión de techos altos en grandes superficies conformadas por bóvedas cáscaras volvió a aparecer en los proyectos de estación de servicio para Automotores Avellaneda (Avellaneda, 1954‒1955); supermercado textil La Bernalesa (Bernal, 1960); Escuela Industrial (Olavarría, 1960); Casa en Punta del Este (Uruguay, 1961); Monumento en homenaje a Alberto Williams (1963); Pabellón Bunge y Born en la exposición de Palermo (1966); Santuario de Nuestra Señora de Fátima (Pilar, 1967‒1968); concurso para el Hospital de Orán (Salta, 1970); y el concurso para el Parc de la Villette (París, 1982), entre otras oportunidades.

Con ello, a partir de una respuesta dirigida a un problema concreto en una situación localizada, Williams consiguió extrapolar el resultado hacia una propuesta capaz de ser universal, posible de ser trasladada a distintas situaciones y programas funcionales sin resignar su esencia. En suma, consiguió plasmar una idea ajena al paso de las modas y constituir un nuevo orden arquitectónico, un orden atemporal y moderno.

Amancio Williams, Pabellón de exposición Bunge y Born, Buenos Aires, 1961. Archivo Williams

Amancio Williams y otros, auditorio en Parque Centenario (concurso), 1981. Archivo Williams

Amancio Williams, monumento para Berlín, 1964. Vistas. Archivo Williams

Luis Müller

Arquitecto y maestro en Ciencias Sociales

Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo

Universidad Nacional del Litoral, Argentina

e-mail: luismuller.arq@gmail.com

2 8 A R Q U I T E C T U R A, C I U D A D Y O S C U R I D A DAutores
EditorialCristina López Uribe
I N V E S T I G A C I Ó N 
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Last modification: September 21, 2020

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