De Concursos y Tamales

Gonzalo Mendoza Morfín

2 8 A R Q U I T E C T U R A, C I U D A D Y O S C U R I D A DAutores
EditorialCristina López Uribe
I N V E S T I G A C I Ó N 
Los hilvanes del sastre Sistemas de techos altos en la arquitectura de Amancio WilliamsLuis Müller
Caracterización de la noche metropolitana. El espectáculo de la luz eléctrica a finales del siglo xixDavid Caralt
La noche y la Ciudad de MéxicoAlejandra Contreras Padilla
Ciudad paisaje: Naturaleza y regeneración urbana en las ciudades americanasJuan
Juan Luis de las Rivas Sanz
Miró Sardá
La arquitectura de los cinemas de circuitos británicos en los años treinta: una mirada a través de las investigaciones de Allen EylesAndrés Ávila Gómez
Museo moderno frente a Museo contemporáneoÁngela Baldellou Plaza
En torno a Los Manantiales: la reconciliación con el territorio lacustre en XochimilcoAlejandro
Marisol Montserrat Nuñez Alfaro
González Pacheco
La casa de un hombre es su castillo: fortificaciones domésticasA. Roger Ekirch
E N S A Y O 
As the dawn draws ever nearerJoachim Schlör
El espacio del curador. Espacio para exposición en Stampa, SuizaDavid Haber
R E S E Ñ A S 
Edificio de la licenciatura en ciencia forense ciudad universitariaFernando Tepichín Jasso
El hombre de la multitudEdgar Allan Poe
La fórmula de Andrés lhimaJosé Manuel Márquez Corona
Attolini: Casa GálvezCaribde
Sara Grecia Palacios Pérez
Martínez Martínez
De Concursos y TamalesGonzalo Mendoza Morfín
Reseñas de librosSebastián Rivera Tiol
Sara Martínez Martínez
Marcos Mazari Hiriart
  
  

Durante la primera semana de febrero, los organizadores del concurso para el pabellón que representará a México en la Exposición Universal de Milán 2015 anunciaban que ya había un ganador: el equipo “multidisciplinario” conformado por el arquitecto Francisco López Guerra, el chef Jorge A. Vallejo García y el biólogo Juan Guzzy, quienes dejaron en segundo y tercer lugar al estudio Gaeta-Springall (ganadores del concurso para el Pabellón de México en la Bienal de Venecia 2014) y al arquitecto Gerardo Broissin, respectivamente. Esos mismos días conocimos sólo estas dos últimas propuestas, pues la ganadora quedó oculta; nadie supo cómo era y no fue hasta la última semana de abril, 75 días después del fallo del jurado, que se dio a conocer.

El proyecto, presentado a través de un par de renders, plantas y cortes muy esquemáticos y poco claros –con los que a uno lo reprobarían en cualquier escuela de arquitectura– así como con un diseño de láminas que deja mucho que desear, originó un amplio movimiento de opinión en los diferentes medios de difusión de la arquitectura. Mucho de lo hablado fue sobre la propuesta plástica del pabellón: masiva y figurativa –que para mí, Robert Venturi podría usarla de ejemplo para hablar de sus “patos”. Ésta retoma la imagen directa el totomoxtle (hoja de mazorca) y con varias de ellas se envuelven los tres o cuatro niveles que configurarán la experiencia espacial del edificio que estará en la ciudad de Milán del 1° de mayo al 31 de octubre del próximo año.

El edificio a primera, segunda y tercera vista es un tamal gigante, hecho, quizá, para alimentarnos a todos por mucho tiempo; y es que si el tema de Milán 2015 es “Alimentar al planeta, la energía para la vida”, ¿qué otra cosa nos representa más que el maíz? Digo, quizá los italianos pongan un trozo enorme de pizza de la Toscana y así hasta armar el menú del día. Esto, lamentablemente, no pasará, pues poco a poco han sido publicados los pabellones de otros países y ninguno tiene forma de comida.

Sin embargo, debo decir que mi mayor preocupación no es el folclorismo excesivo y lo caricaturesco que puede resultar la propuesta de López Guerra, pues pudo haber sido una piñata gigante, como algunos sugerían, y las opiniones hubiesen sido las mismas; lo preocupante es todo lo que sugiere la premiación de un proyecto como éste. Por ahí leí que “no había hecho falta transparencia”, quizá no, pues hasta donde sé el proceso de deliberación fue completamente anónimo y muy cuidadoso por parte de los organizadores, pero lo que ha provocado amplias críticas es el hecho de anunciar al ganador 75 días después de haber sido difundidos los otros dos premiados ¿Por qué no haberlo hecho el mismo día, al mismo tiempo? Digo, eso es lo normal o debería serlo; es como si en una competencia deportiva entregaran primero la plata y el bronce y hasta después el oro. La defensa de ProMéxico, organizador del concurso, descansa en una cláusula que establece que no se podrán mostrar imágenes antes de 45 días, lo cual es muy extraño, ¿cuál será la razón de establecer algo así?, ¿con qué objetivo no mostrarlas?

Estos son los aspectos del concurso que más nos deberían ocupar (las bases, los planteamientos, los convocantes) más allá de la forma, el color o los materiales del proyecto. Que se sigan encontrando situaciones extrañas sólo deja claro que en México son muy pocos quienes se esfuerzan por rescatar la cultura de los concursos de arquitectura; la consecuencia es que ésta no sea muy fuerte. No darle el interés necesario al desarrollo de una cultura de concursos provoca que los proyectos se realicen por “dedazo” de organismos gubernamentales para contarlos dentro de sus logros políticos. ¡Por Dios!, como si no hubiésemos ya aprendido la lección con la Cineteca Nacional o la Ciudadela.

Soy consciente de que a la hora de convocar concursos no nos ha ido muy bien, los ejemplos ahí están: la Biblioteca Vasconcelos, la Terminal 2 del Aeropuerto de la Ciudad de México o la propia Estela de Luz, proyectos que se “echaron a perder” tanto por situaciones relacionadas directamente con la arquitectura como por otras ajenas a ella. Sin embargo, no creo que esto pueda tomarse como pretexto para dejar de creer en el concurso de arquitectura como medio generador de contenidos; al contrario, soy fiel creyente de que se le debería dotar de importancia para que se mejoren continuamente, de forma que se pueda lograr resultados eficientes. Dicha relevancia debe venir tanto de los convocantes como de los participantes, quienes tienen que encontrar en el concurso de arquitectura un medio no sólo de generación de “arquitectura” como tal, sino un punto de desarrollo intelectual que logre un crecimiento en ámbitos arquitectónicos, políticos y culturales. Esto además beneficiaría a quienes son parte fundamental de un concurso: el jurado.

Para el Pabellón de Milán, el jurado estuvo integrado por nombres importantes como Mauricio Rivero Borrell, ex presidente del Colegio de Arquitectos; José Luis Cortés Delgado, ex director del Departamento de Arquitectura de la Universidad Iberoamericana y presidente del Colegio de Arquitectos; Marcos Mazari, director de la Facultad de Arquitectura de la unam; José Vigil, ex presidente de la Fundación Luis Barragán. Es curioso que haya habido demasiados “ex”, a pesar de lo cual son ellos quienes deciden y definen lo que todos entenderán como arquitectura mexicana. Esto me lleva a pensar en qué habrán visto en la propuesta ganadora, o qué habrán dejado de ver en ella. Incluso si hubieran pensado en aspectos muy generales y hubieran dado gran importancia a la presentación, Julio Gaeta y Luby Springall tenían mejores imágenes, o si tomaron en cuenta el nivel de desarrollo técnico, Broissin entregó detalles constructivos, pero ninguno de estos criterios fue considerado por el jurado para asignar un ganador. Según me contaba uno de sus miembros, la propuesta de López Guerra fue considerada por su capacidad de saberse parte de una exhibición universal, de forma que fue configurada como un elemento temporal con recorridos e intenciones claras, lo cual, basado en la experiencia profesional del jurado, detonará un mayor impacto en la exposición de Milán.

No obstante, hay otros grupos que influyen o pueden influir en el proceso de un concurso, sobre todo en uno tan importante como éste. ¿Para qué funciona un Colegio de Arquitectos? Aunque no sé la respuesta, puedo intuir que funciona para tener un gremio más estrecho que dicte ciertas tendencias o referencias, o quizá para brindar una noción de cultura arquitectónica en todo ámbito, sobre todo en el político; para opinar cuando es necesario.

Es fundamental que el Colegio de Arquitectos de México tome ese papel y que no guarde silencio ante este tipo de situaciones confusas; que se sienta con la capacidad de hablar en todo momento. Así lo exige también el nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, concurso que ha convocado directamente a equipos integrados por despachos de renombre internacional y nacional para desarrollar una propuesta arquitectónica sin un plan maestro base por considerar, sin tener los requerimientos técnicos específicos que deben tomarse en cuenta para el diseño de un aeropuerto; un concurso también donde parece que todo es una fantasía o una simulación: hay equipos que ya muestran en periódicos y revistas su propuesta, como si fuese la seleccionada, situación que no debería permitirse en un concurso “serio”.

A pesar de lo malo que puede llegar a presentarse, lo positivo de todo esto reside en el esfuerzo que entidades relacionadas a la academia hacen dentro del medio de los concursos, algo fundamental para comenzar a rescatarlos. Recuerdo uno que fue organizado por el colectivo de alumnos gallo (Universidad Iberoamericana), en donde el ganador no cumplió cabalmente con los requisitos; este acto produjo descontento en los participantes pero generó a la vez un modelo de discusión para valorar qué se estaba haciendo bien y qué mal, hecho que sin duda marcó precedente en los concursos organizados por grupos estudiantiles. Ahora quienes los realizan tratan de tomar todas las previsiones posibles, establecer las bases de una forma clara y concisa y, sobre todo, no cometer arbitrariedades en los procesos. Sin embargo, existen otros ejemplos de índole universitaria que aún no logran satisfacer todas las expectativas, como el concurso “Alberto J. Pani”, donde participan distintas escuelas, o como los realizados al interior de la Facultad de Arquitectura de la unam, como el abn, la reciente Bienal de Arquitectura de Paisaje o el último Concurso Inter-talleres. Éste, con el fin de cargarlo de credibilidad y eficiencia, fue renovado; aunque se hicieron cambios en el desarrollo y evaluación se dejó claro que aún hay que trabajar más en ello, pues las exigencias de los participantes, parece, son muy altas.
Si bien me puede llegar a molestar que al interior de las escuelas se cometan errores ingenuos, me tranquiliza que sea en la academia donde exista un interés, sea de directivos o de alumnos, por promover la participación en actividades como los concursos. Por ello insto a la comunidad de la Facultad de Arquitectura a activarse, para que en conjunto nos demos cuenta de que ahí hay un ámbito del cual la Universidad Nacional debe encargarse como generadora líder de contenidos académicos y culturales del país. Hagamos las cosas bien, para que el exterior refleje nuestro interior y no terminemos por asumir la apariencia actual.

Hace poco me cuestionaban si realmente creía que los concursos de arquitectura eran la forma más democrática de producir buena arquitectura. Creo que en un país como el nuestro, donde ni los “dedazos” funcionan y lo arquitectónico está lleno de decisiones arbitrarias, nuestra única opción para tener una arquitectura de calidad es a través de los concursos, los cuales deben mejorar cada día. Debemos comenzar a ver y a entender el concurso de arquitectura profesional o académica como uno de los procesos más enriquecedores de producción; un medio abierto que se presta a la crítica sana, a la discusión y al debate; un punto de inflexión entre las distintas formas de hacer arquitectura, algo que sin duda debe ser sustancial en el proceso de enseñanza. Sólo así seremos capaces de estar activos en un mundo que cada día está más inundado de lo genérico, de lo global.

En fin, ahora no queda más que ver cómo terminará de desarrollarse el proyecto completo que México construirá; será vital mantenernos al pendiente, saber qué y cómo evolucionará y concluirá. En 2015 veremos en la capital de Lombardía la posibilidad de sabernos parte de un mundo en constante cambio que necesita nuevas visiones, nuevas miradas y nuevos productores de arquitectura; aun cuando nosotros lleguemos a Milán “namás con un tamal”.

Gonzalo Mendoza Morfín

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Last modification: September 21, 2020

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