Crónica de un movimiento telúrico

Asunción Ixtaltepec, Oaxaca

Modernity and Domesticity:  Tensions and Contradictions [Second Part]

Texto y fotografías: Santiago Constantino de Angoitia

3 4 E S P A C I O Y G R Á F I C AAutores
EditorialCristina López Uribe
I N V E S T I G A C I Ó N 
Léna Bergner: de la Bauhaus a MéxicoViridiana Zavala Rivera
María Montserrat Farías Barba
Marco Santiago Mondragón
El ferrocarril como emblema de progreso: el Puente de MetlacMaricela Dorantes Soria
Representar la atmósfera del lugar Los cementerios de Arne JacobsenJaime Ferrer Forés
Expresiones pictóricas urbanas: paisaje urbano y configuración espacial en IztacalcoEduardo Violante Soria
Cubiertas peculiares en la obra de Antonio BonetJosé Ramón Domingo Magaña
Juan Fernando Ródenas García
E N S A Y O 
El contexto histórico de la representación arquitectónica contemporáneaAlberto Pérez-Gómez
GOOKH. Ensayo visual sobre la gráfica urbana en Ciudad de MéxicoAdán Salvatierra Arreguín
Tejidos líticosPablo López Luz
Sandra Rosenthal
Daniel Buren: La arquitectura de la gráfica en el espacioMaría Fernanda Barrera Rubio H.
Arte Queer ChicanoUriel Vides Bautista
Modernidad y domesticidad: tensiones y contradiccionesHilde Heynen
R E S E Ñ A S 
Casa Mateos: Antonio Attolini LackElsa G. Mendoza Durón
Colectivo universitario de arquitectura aplicadaNataly Rojas
Mario Pani. Arquitectura en proceso exposición en el museo amparo, PueblaElisa Drago Quaglia
Reseñas de librosNataly Rojas Domínguez
Nelson Iván Erazo Solarte
Alberto Gisholt Tayabas
Elsa G. Mendoza Durón
  
  
Antes de comenzar el viaje llegan los periodistas de la gaceta hacen un par de preguntas que permitan editorializar la nota, las redes sociales explotan, ya era hora, la máxima casa de estudios en auxilio de Oaxaca, o así se lee por lo menos. Pero hay algo de verdad, la gente esperaba a la universidad de la nación, poco les importaba cuando se les explicó que no contábamos con los conocimientos, capacidades y argumentos necesarios para valoraciones técnicas, es poco más que una labor de campo la de esta brigada, es mostrar que estamos ahí, que se está dispuesto.

Al llegar al albergue que nos recibiría la situación es más que cómoda: un amplio patio para colocar casas de campaña, agua potable, baño y una cocina comunitaria dispuesta a apoyar con la alimentación. Es doña Luz la encargada del lugar, un lote generoso que ante el sismo se encuentra vacío, la pequeña casa en el suelo y lonas amarradas de los árboles, pero ésta no es su casa, la suya no se cayó por completo, aunque a decir verdad habrá que derribarla.

De inseguridad nada, o casi nada, si acaso algunas cajas de víveres que han sido robadas de las bodegas, sin embargo, la frustración crece. Por todos lados fluyen las noticias, mi madre llama por la noche para saber la situación, se contenta al saber que ante la tragedia todo se encuentra tranquilo, un abrumador y preocupante aparente orden, pero de pronto vuelve el tono serio “es tu tía, se cayó su casa.” Ahora es a mí al que me toca recordar a mi padre que ya no está, sentado en la mesa de aquella casa que tampoco está, es entonces cuando entiendo que lo más difícil de la situación es recordar, quiero pensar que por eso es la calma, ese sosiego que estremece hasta al más indiferente de los forasteros.

Después de un par de días de trabajo fue el momento más álgido para la brigada, cientos de testimonios en la mochila, horas de sol y la sensación de que el apoyo que se podía prestar no era suficiente. Debido a desacuerdos con la forma de proceder y a que consideraron que su trabajo había terminado, dos de los profesores decidieron volver a la ciudad por su cuenta, varios de los alumnos querían volver con ellos, fue entonces cuando me tocó echar la mano, tratar de convencerlos a partir de un argumento del que ni siquiera yo estaba convencido: que lo correcto era quedarnos, hacer presencia y apoyar en lo que nuestras cortas capacidades nos permitieran.

La provincia como lugar ajeno y desconocido, como límite entre “ellos y nosotros,” mucho más que delimitación territorial es una demarcación que alude al concepto de progreso, lo que sea que esto quiera referir. Son distintos, somos distintos: ellos los desprotegidos, los necesitados.

Esta es la manera recurrente de abordar el tema, se presume conocer, pero no se les entiende; el máximo acercamiento es una excursión con la escuela o el viaje en familia para conocer el mar.

Es entonces cuando parecía que la tragedia del sismo del 7 de septiembre de 2017 les daba un lugar protagónico, era el momento de mostrarse, de exigir, de pedir ayuda, de tratar de solventar todas aquellas necesidades que no han sido atendidas por décadas. El momento de escuchar historias, de tratar en la catástrofe de entender la cotidianeidad: los niños jugando avioncito en el patio, los perros tomando el sol frente a la carnicería, la abuela que saca su silla para ver pasar a la gente, el carrito de las nieves con su melódico pregón, el alcohólico del barrio recostado en la hamaca bajo los tamarindos. Todo eso podría ser, a medias, o fue, pero no es, se menciona por tratar de dotar de cierta verosimilitud a aquel paisaje, desolado, destrozado, difícil de asimilar.

Las casas se van sumando en formularios, se marcan con aerosol naranja con las siglas del IPN (Instituto Politécnico Nacional) y se van dejando atrás las historias que hubieron de albergar.

De esta esquina a la siguiente, una casa está dañada y la otra también, algunas parecen más estables de lo que están, otras en cambio aparentan mayor daño del que en realidad tienen, pero todas tienen algo y ante la duda la gente prefiere estar en las calles. El baño de afuera, el del patio, ese que la familia lleva años queriendo cambiar es hoy su mejor aliado, al menos se tienen baños, uno por lote y el que no tiene pide prestado, el punto es no entrar a las casas.

“Ya pasaron los del poli pero no dijeron nada, sólo pusieron su marca y queremos saber si podemos hacer algo, si podemos entrar a sacar algunas cositas, llevamos días y no sabemos qué hacer.”

Cómo se le explica a una madre soltera que el lugar donde vio crecer a sus hijos no existirá más, que el único recuerdo que tenía de aquel esposo que se fue a buscar la vida a California está bajo dos losas de concreto.

Para eso no se está preparado en las escuelas de arquitectura, ¿cuántas clases de teoría de la arquitectura, de estructuras de concreto, acero, madera? De los proyectos, todos o casi todos son museos, aeropuertos, hasta panteones verticales para variar, sin embargo nadie, absolutamente nadie te mostró un protocolo de emergencia; sabes del terremoto de 1985 porque has visto documentales, porque se redactaron nuevos reglamentos o porque alguno de tus familiares lo vivió directamente. De las brigadas de arquitectos, nada o casi nada. ¿De qué sirvió la experiencia si no la recordamos; de qué sirve esta experiencia si no la utilizamos?

Los alumnos presionaron a los profesores y a las autoridades para organizar brigadas de apoyo a las poblaciones afectadas por los sismos, en ausencia de un protocolo se burocratizaron las opciones de ayuda y se programaron asambleas para llegar a acuerdos.

Ante la situación y la presión estudiantil se consiguió un contacto en el istmo de Tehuantepec a través de la Coordinación de Servicio Social, para realizar una brigada el día siguiente a las 7 de la mañana. Por ello se necesitaban a todos los integrantes para ese mismo día por la noche; somos los más aventados, los más urgidos de ayudar, quienes nos apuntamos, no necesariamente los más preparados.

Se forma entonces el grupo y se reconoce a la unam (Universidad Nacional Autónoma de México) y a la Facultad de Arquitectura por enviar a la primera brigada oficial en la gaceta de la máxima casa de estudios. Un grupo de tres profesores y siete alumnos, casi todos de quinto semestre, con lápices y un formato obsoleto para levantamientos utilizados en 1985 como únicas armas.

No se sabe cuál es la situación del lugar, es posible que haya brotes de violencia, la emergencia ya pasó y la frustración crece, no se sabe si habrá comida, baños, un sitio para dormir.

Antes de comenzar el viaje llegan los periodistas de la gaceta hacen un par de preguntas que permitan editorializar la nota, las redes sociales explotan, ya era hora, la máxima casa de estudios en auxilio de Oaxaca, o así se lee por lo menos. Pero hay algo de verdad, la gente esperaba a la universidad de la nación, poco les importaba cuando se les explicó que no contábamos con los conocimientos, capacidades y argumentos necesarios para valoraciones técnicas, es poco más que una labor de campo la de esta brigada, es mostrar que estamos ahí, que se está dispuesto.

Al llegar al albergue que nos recibiría la situación es más que cómoda: un amplio patio para colocar casas de campaña, agua potable, baño y una cocina comunitaria dispuesta a apoyar con la alimentación. Es doña Luz la encargada del lugar, un lote generoso que ante el sismo se encuentra vacío, la pequeña casa en el suelo y lonas amarradas de los árboles, pero ésta no es su casa, la suya no se cayó por completo, aunque a decir verdad habrá que derribarla.

De inseguridad nada, o casi nada, si acaso algunas cajas de víveres que han sido robadas de las bodegas, sin embargo, la frustración crece. Por todos lados fluyen las noticias, mi madre llama por la noche para saber la situación, se contenta al saber que ante la tragedia todo se encuentra tranquilo, un abrumador y preocupante aparente orden, pero de pronto vuelve el tono serio “es tu tía, se cayó su casa.” Ahora es a mí al que me toca recordar a mi padre que ya no está, sentado en la mesa de aquella casa que tampoco está, es entonces cuando entiendo que lo más difícil de la situación es recordar, quiero pensar que por eso es la calma, ese sosiego que estremece hasta al más indiferente de los forasteros.

Después de un par de días de trabajo fue el momento más álgido para la brigada, cientos de testimonios en la mochila, horas de sol y la sensación de que el apoyo que se podía prestar no era suficiente. Debido a desacuerdos con la forma de proceder y a que consideraron que su trabajo había terminado, dos de los profesores decidieron volver a la ciudad por su cuenta, varios de los alumnos querían volver con ellos, fue entonces cuando me tocó echar la mano, tratar de convencerlos a partir de un argumento del que ni siquiera yo estaba convencido: que lo correcto era quedarnos, hacer presencia y apoyar en lo que nuestras cortas capacidades nos permitieran.

Por la noche, un camión de víveres repleto fue lo que en realidad ayudó a calmar los ánimos, el esfuerzo físico para descargar y la convivencia del momento fue lo que realmente nos terminó por convencer.

Esa noche fue especial, todos ante la adversidad tratando de llevar con la mayor normalidad posible sus actividades cotidianas, no se vaya a creer que por ser la noche del 16 de septiembre hubo festejos, pero no fue el grito sino el box lo que reunió a las personas. En cada cuadra el paisaje era similar, sillas de la cervecera más popular en la localidad colocadas en media luna ante una pantalla de televisión vieja para la transmisión; esa misma cervecera, que se ha hecho de millones de pesos a partir de rentar sillas y lonas para eventos, es la que no se dignó a prestar un par de aquellas lonas para proteger a sus clientes más férreos de la intemperie, y sin embargo ellos siguieron bebiendo para mitigar el calor, aunque para la fiesta no existía lugar.

Aquel paisaje se había convertido ya en nuestra propia cotidianidad, nuestras labores seguían de la mejor manera, ahora el centro histórico, era importante hacer un levantamiento de los daños que permitiera documentar lo que era la identidad de la localidad para después recuperarla, pero sin esperarlo, surgió otra situación que pondría en jaque la integridad de la brigada: otra vez los medios de comunicación. En vivo y en cadena nacional una reportera se acercó a una compañera de la brigada para sacar información, ella no estaba preparada para dicha situación y ante preguntas engañosas soltó algunos datos que aún no estaban corroborados, lo que complicó la comunicación de los datos oficiales.

Continuamos empatando y procesando la información recopilada, los últimos días más en el albergue que en las calles, eso nos permitiría convivir de manera más cercana con doña Luz, sus hijos y su cuñado Tavo. Dicen que quien prueba el estofado del istmo ahí se queda, y si es el de doña Luz jamás se va.

Despertamos temprano para el desayuno, si bien recuerdo eran huevos ahogados y frijol refrito, pero pudo ser cualquier cosa, todo era igual de exquisito. Al terminar limpiamos la mesa y continuamos llenando fichas, era un poco frustrante, pero era lo que se tenía que hacer.

El 19 de septiembre se estaban terminando los registros, era la 1:15 de la tarde cuando de pronto se volvió a mover el suelo, sin darme cuenta, de dos brincos estaba en medio de la calle abrazando a doña Luz, ella lloraba, parecía ser una réplica un tanto más fuerte, mientras ella me platica de los casi tres minutos en los que no pudo salir de su recamara aquel 7 de septiembre, pareciera que aún escucha los crujidos. Me estremezco, pero veo a los compañeros de brigada preocupados, todos buscan a sus familiares por teléfono, hago lo propio, comienzan a llegar noticias, de pronto un video desde la torre Latino nos preocupa a todos, otro más del parque México mientras se desmorona un edificio, los noticieros internacionales difunden la primicia, ahora parece que es importante, es la ciudad, somos “nosotros.”

Aquí en cambio, todos vuelven al olvido, las brigadas se van, nos vamos, parece que hay prioridades y esas no los incluyen, bien dice Tavo que el que nada tiene, nada pierde. Me quedo con los cigarros compartidos con don Tavo, sus bromas, las historias de cuando su pueblo, su tierra, era de otra manera, con el periódico que me regaló de ese 7 de septiembre y con la cara de doña Luz al decirle gracias en zapoteco; recuerdos al fin.

Santiago Constantino de Angoitia

Estudiante de la licenciatura en Arquitectura

Facultad de Arquitectura

Universidad Nacional Autónoma de México

santiagocdea@gmail.com

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Fecha de la última modificación: 21 de Septiembre de 2020.

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Last modification: September 21, 2020

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