Casa Noriega
Regina de Hoyos Duarte

Fotografías: Cassandra Oosthuysen y Andrés Berjón de Gortari

2 7 A R Q U I T E C T U R A, C I U D A D Y M E D I O SAutores
EditorialCristina López Uribe
I N V E S T I G A C I Ó N 
La casa de Mies: exhibicionismo y coleccionismoBeatriz Colomina
Del brazo y por la calle Construcciones culturales de la ciudadGeorgina Cebey Montes de Oca
Conexiones en el espacioGabriel Benítez Gutiérrez
Escenarios para la historia y el olvido en el México moderno 1942-1958Keith L. Eggener
México y el CIAM Apuntes para la historia de la arquitectura moderna en MéxicoJuan Manuel Heredia
Medios y tecnología en la concepción arquitectónicaRonan Bolaños Linares
Los cielos del sur Luis Müller
Un día nubladoCristian David Luna
La arquitectura de contenedores y el paisaje: una nueva mirada a través del Site Specific ArtMaría Cabrera Vergara
E N S A Y O 
Los videojuegos y su implicación arquitectónicaJosé Manuel Márquez Corona
Realidad virtual vs. percepción humanaJorge Tamés y Batta
hi{a}toNuria Benítez
R E S E Ñ A S 
Casa NoriegaRegina de Hoyos Duarte
Estación Metrobus Centro Cultural UniversitarioHonorato Carrasco Mahr
Reseñas de librosAlejandro Ochoa Vega
Xavier Guzmán Urbiola
Rebeca Monroy Nasr
Athenea Papacostas Villegas
  
  

“Una casa de campo en la ciudad” era la nueva manera de vivir que vendían Luis Barragán y Héctor Cervera como promotores del nuevo fraccionamiento Jardines del Pedregal, el cual re- presentó el nacimiento de una nueva burguesía que se benefició por las políticas del liberalismo económico establecidas por el presidente Miguel Alemán a finales de los años cuarenta.

Los habitantes de El Pedregal de San Ángel eran personas abiertas a las influencias internacionales; Adelaida Noriega no fue la excepción. Hija de Raúl Noriega, delegado de la ONU,  vivió muchos años en Estados Unidos adoptando gran parte de esta cultura como propia. Se casó con un ingeniero químico y decidió buscar un lugar en el nuevo fraccionamiento ya que, además de que los terrenos eran más baratos que en Coyoacán o San Ángel, le interesaba la idea de vivir en el sur de la ciudad donde se crió.

La casa surgió como proyecto de un muy buen amigo de Adelaida: Fernando Best, joven arquitecto que trabajaba con Artigas, quien a su vez era uno de los más solicitados para construir en El Pedregal. Dejaron en manos de Best el diseño integral de la casa, a quien dieron total libertad creativa. El proyecto contemplaba un volumen de un solo nivel que se desprendía de la parte más alta del terreno, sostenido por esbeltas columnas que surgen conforme el suelo se deprime. De esta manera el conjunto se concentra sobre el lado izquierdo del terreno, liberando así un jardín de roca volcánica y vegetación desértica. La planta modular contemplaba la posibilidad de futuras ampliaciones en sentido longitudinal, que dieron como resultado un área total de 240 m2. Cubiertas planas de concreto, ventanales de piso a techo y elementos de acero, son algunos de los lineamientos que cumplen con las características establecidas por Barragán para la imagen del fraccionamiento.

Planta arquitectónica. Dibujo: Sebastian Rivera Tiol

Desde la calle se aprecia una fachada transparente que expone al ex- terior lo que sucede dentro de la sala y el comedor. Un sutil enrejado sirve como una malla que, pese a la creciente inseguridad de la ciudad, no se vio modificada desde su diseño original. Esta fachada está a su vez complementada con un pequeño jardín, que funciona como un espacio de transición, que separa y crea un vacío entre la calle y el volumen. El jardín conserva pequeñas esculturas que poco a poco fueron encontrando un lugar sobre el terreno, obras de Adelaida misma. A un lado, un largo solar sirve como garaje del hogar. Una construcción que precede a la casa se observa en el fondo del jardín, escondiéndose entre la profundidad y diversa vegetación del pedregal, generando un remate visual que descubre poco a poco, casi a manera de una ruina, el pequeño volumen; espacio que serviría para la creación de las evocativas esculturas de la propietaria.

El vestíbulo de acceso remata con un patio interior y conecta el área pública con el pasillo de las habitaciones bañado por una luz cenital. Las habitaciones miran a través de sus grandes cristales hacia el jardín de roca natural, perdiendo así los límites entre el interior y el exterior. Se produce la sensación de que el jardín está dentro de la casa.

De una solución simple tanto constructiva como proyectual, la casa diseñada por el Arquitecto Fernando Best parece ser más una pequeña línea de transición entre la vegetación y la morada pretendida. Con el paso del tiempo la vegetación fue creciendo hasta crear la impresión de que en el pequeño predio, la casa fue engullida por la naturaleza, dando la ilusión que en lugar de estar suspendida sobre el terreno, surge del mismo. Y como las esculturas que la rodean, fue absorbida hasta convertirse en una precia- da piedra más, que el terreno resguarda con recelo.

Por otro lado, la atmósfera, que es posible respirar en la casa, es dada por su creativa habitante. Adelaida es considerada una de las escultoras mexicanas más importantes del siglo xx. Sus obras no sólo decoran cada espacio de la casa, sino que le dan vida. Cada una está localizada en un lugar específico creando una composición en donde las figuras dialogan con los muros, las columnas y los elementos naturales. Cada pieza representa un momento importante para Adelaida, por lo que la casa se convierte en un museo de recuerdos que relatan una vida.

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Fecha de la última modificación: 21 de Septiembre de 2020.

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Last modification: September 21, 2020

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